Educación

Educación fija plazos de cinco días y 48 horas en su guía estatal contra el acoso escolar

La guía del Ministerio de Educación fija 24 horas para la primera alerta, cinco días de indagación y 48 horas para el dictamen en los protocolos antiacoso de los centros.

Beatriz Quintero ·
Educación fija plazos de cinco días y 48 horas en su guía estatal contra el acoso escolar

El Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes ha publicado la Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso, un documento de descarga gratuita nacido en el marco del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar que aspira a dar un marco conceptual unificado y pautas operativas comunes a todos los centros educativos del país.

El texto no sustituye a los protocolos autonómicos: las comunidades conservan la competencia y son ellas y los propios centros quienes deben incorporar estos criterios a sus procedimientos. Lo que aporta el ministerio es una referencia estatal con tiempos tasados, una definición cerrada de qué constituye acoso y una hoja de ruta operativa. Lo firman cuatro especialistas con trayectoria en orientación educativa, atención a la diversidad, convivencia en las aulas, gestión emocional y seguridad digital: Ana Angulo Fernández-Pacheco, Elena Campaña Marqués, María Amparo Cortell Escrivá y Andrea Escrivà Ferrer.

Veinticuatro horas para la primera alerta y 48 para el dictamen

La novedad más tangible para las direcciones escolares es el calendario. La primera alerta debe escalarse al equipo directivo, o en su defecto a jefatura de estudios, en un máximo de 24 horas, y en ese mismo plazo el equipo de intervención tiene que activar las medidas de protección. La indagación no debe superar los cinco días hábiles, con la recomendación de cerrarla en tres. El dictamen, la decisión motivada sobre si existe o no acoso, se emite en 48 horas.

Cerrado el dictamen, el centro dispone de un máximo de diez días hábiles para poner en marcha el plan de intervención, cuyo seguimiento habrá de mantenerse un mínimo de seis meses lectivos.

Siete fases, de la detección al seguimiento

El protocolo tipo queda ordenado en siete fases: detección y comunicación; inicio del procedimiento con medidas de protección inmediatas; recogida de información y evidencias; análisis y toma de decisiones; notificaciones; plan de intervención integrado y restaurativo; y seguimiento y evaluación. La guía sitúa por delante la reparación del daño, el amparo del alumnado afectado y una respuesta de corte restaurativo, y descarta de forma expresa la mediación ordinaria como vía para resolver estos casos, porque no se está ante un conflicto entre iguales.

La guía exige intencionalidad, reiteración y desequilibrio de poder

Para que un caso se considere acoso deben concurrir tres elementos: intencionalidad de causar daño, reiteración y desequilibrio de poder. "Un conflicto puntual entre personas en condiciones similares no debe tratarse como acoso", sostienen las autoras. El documento advierte al mismo tiempo de que no procede esperar meses para actuar: un segundo episodio puede bastar como señal si concurren la intención y la asimetría entre las partes.

La detección precoz exige, según el texto, una vigilancia que sea activa sin llegar a indiscriminada, atenta a señales como los cambios repentinos de comportamiento, el retraimiento, la tristeza, las dolencias físicas sin causa médica aparente, la ansiedad ante los avisos del teléfono, su uso compulsivo o su abandono súbito y el recelo hacia ciertas aplicaciones. Sobre las vías internas para pedir ayuda o denunciar, el texto reclama que ofrezcan garantías de confidencialidad, que el alumnado sepa que existen y que alguien las revise cada día.

Los deepfakes y la suplantación de identidad entran en el protocolo

El apartado de ciberacoso incorpora riesgos digitales de aparición reciente: el hostigamiento dentro de plataformas de videojuegos, el robo de identidad, la circulación de imágenes ajenas, los deepfakes y demás material fabricado con inteligencia artificial. La guía subraya que en el entorno digital el daño se amplifica, porque el ataque no se detiene al salir del aula, se replica sin límite de alcance, queda registrado en la red y se beneficia del anonimato. En más del 70% de los casos, quien lo padece en la red sufre también acoso cara a cara.

Sobre las pruebas, la indicación es preservar el material original, sin recortes ni retoques, evitar su reenvío y dejar constancia del momento, la plataforma, el perfil implicado y el alcance que tuvo la difusión.

El 25% de las familias se lleva a su hijo de colegio si no se activa el protocolo

El documento aterriza en un terreno con cifras conocidas. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid de 2023 situó en el 6,2% el alumnado de 4º de primaria a 4º de la ESO que admite sufrir acoso, y en el 2% el que se reconoce como acosador: cerca de dos víctimas por aula y un acosador por cada dos grupos. Un análisis reciente de Funcas añade el reverso administrativo del problema: el 25% de las familias acaba trasladando a su hijo a otro colegio cuando el centro no pone en marcha el procedimiento.

Por etapas, la guía reserva a primaria el trabajo de fondo (formación del profesorado, patios activos, planes de acogida y participación del alumnado) y a secundaria la vigilancia activa, la detección temprana y el análisis de riesgos como la inteligencia artificial o los discursos de odio.