Educación

Un estudio atribuye la caída de los alumnos aventajados de PISA al nuevo índice

Investigadores españoles atribuyen el desplome de los alumnos aventajados en PISA 2025 al cambio del índice socioeconómico, que dejó fuera los libros.

Marina Llorente ·
Un estudio atribuye la caída de los alumnos aventajados de PISA al nuevo índice

Una de las conclusiones más comentadas del informe PISA que se difundió el 8 de septiembre fue que la caída generalizada del rendimiento escolar golpeaba con especial dureza a los alumnos de familias acomodadas, hasta el punto de estrechar la distancia con los alumnos de entornos vulnerables. Un análisis de Innovamat Research Lab, realizado con Lucas Gortázar y Lucía Cobreros, economistas de EsadeEcPol, sostiene que ese hallazgo no describe lo que les ha pasado a esos estudiantes, sino un cambio en el instrumento con el que la OCDE los clasifica.

El cuestionario de 2025 eliminó once indicadores, ocho de ellos sobre libros

El índice de estatus económico, social y cultural combina tres componentes: el nivel educativo de los progenitores, su situación ocupacional y un índice de bienes del hogar. Es ese tercero el que cambió en 2025. El cuestionario retiró once indicadores, entre ellos las ocho preguntas sobre los tipos de libros que hay en casa, las más ligadas al aprendizaje, y en su lugar entraron elementos de condiciones materiales de vida: piscina, sistema de seguridad, habitación de invitados o suministros básicos como el agua corriente y la luz eléctrica, prácticamente universales en los países del organismo y con mucha menos relación con el rendimiento académico.

El efecto que describen los investigadores es una recomposición de quién entra en cada grupo. Una proporción apreciable de estudiantes con buenos resultados y alto capital cultural, pero condiciones materiales modestas, dejó de aparecer en el cuartil socioeconómico alto, donde sí habría figurado antes, y ocupó su lugar alumnado con peores resultados y más signos de riqueza en el hogar. El problema no estaría en la puntuación de cada estudiante, sino en la composición de los grupos que se comparan entre ediciones.

La brecha en matemáticas pasa de reducirse 11,2 puntos a ampliarse 1,6

Para comprobarlo, el equipo reconstruyó el índice a partir de los microdatos públicos de la prueba y con una metodología que buscaba mantener la comparabilidad con las ediciones previas. Con esa medida, la caída se distribuye de manera parecida entre todos los grupos socioeconómicos y desaparece la concentración en el cuartil superior. El contraste más llamativo está en matemáticas: la brecha entre el cuartil alto y el bajo se amplía 1,6 puntos con el índice reconstruido, frente a la reducción de 11,2 puntos que arroja el índice publicado. El patrón se repite en las tres competencias evaluadas. La conclusión del análisis es que el desplome de 2025 es real, pero que la desigualdad educativa no se ha estrechado y marca el máximo de los últimos diez años.

Los datos del informe original iban en sentido contrario. En el conjunto de los países del organismo, los alumnos del cuartil superior perdieron una media de 14 puntos en matemáticas y en torno a 20 en lectura, mientras que entre los del cuartil inferior el cambio fue mucho menor y en ciencias su rendimiento se mantuvo estable. Ese contraste se presentó como un fenómeno nuevo y alimentó hipótesis que iban del uso de pantallas al acceso temprano a herramientas de inteligencia artificial en los hogares con más recursos.

El propio informe técnico advertía de que el índice no es comparable

El punto que da fuerza al análisis es que la advertencia estaba escrita. La documentación metodológica de la edición de 2025 reconoce que se probó una batería nueva de elementos sobre posesiones y condiciones materiales del hogar y que esos cambios complican la comparación de tendencias con ciclos anteriores. Pese a ello, el volumen del informe que se difundió el 8 de septiembre compara ambas estadísticas y de esa comparación salió la conclusión sobre los alumnos aventajados.

Analistas estadísticos replican que la comparación se hace por cuartiles

La objeción al análisis existe y es técnica. Analistas estadísticos consultados durante la cobertura del estudio sostienen que los valores brutos del índice nunca han sido comparables entre ediciones, porque en cada una se reescala para que el conjunto de países del organismo tenga media cero y desviación uno. Añaden que actualizar elementos del componente de posesiones es práctica habitual, que siempre se acompaña de una nota técnica y que lo que se compara no son los valores del índice sino los cuartiles, la posición relativa de cada alumno dentro de su propia edición. Con ese argumento la comparación seguiría siendo válida. El organismo responsable de la prueba no se había pronunciado al cierre de esta información.

El equipo de EsadeEcPol enmendará el informe que publicó la semana pasada

La consecuencia más inmediata afecta a un trabajo ya difundido. Los dos economistas que han colaborado en el análisis publicaron la semana pasada una investigación propia basada en esos mismos datos de la prueba y han anunciado que van a enmendarla para adaptarla a las nuevas mediciones. Su conclusión revisada es que el descenso de rendimiento se reparte por igual entre rentas altas y bajas. Para las administraciones educativas el matiz no es menor: la distinción entre una caída general y una caída concentrada en un grupo apunta a diagnósticos distintos y, por tanto, a políticas de equidad distintas.

Marina Llorente

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Marina Llorente

Marina Llorente convierte los grandes datos económicos en explicaciones claras: inflación, tipos de interés, deuda, crecimiento y decisiones de los bancos centrales que terminan afectando al día a día.

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