Para muchos jóvenes, decidir qué estudiar sigue siendo un salto al vacío. La Formación Profesional carga todavía con ideas preconcebidas: “no tiene salida”, “es menos que la universidad”, “solo sirve para ciertos perfiles”. La realidad, sin embargo, es muy distinta.
Hoy, la FP forma a profesionales preparados para sectores con alta demanda, como el marketing digital, la ciberseguridad, el análisis de datos o el desarrollo full stack. Son áreas en constante crecimiento, con proyectos reales y oportunidades que no dependen de la ciudad en la que vivas ni del nivel previo. La orientación debe reflejar esto: mostrar la FP como una puerta a profesiones estratégicas y llenas de futuro, y no como un recurso “alternativo”.
Reinventar la orientación significa acompañar al alumnado en su decisión con información clara, experiencias prácticas y visibilidad de ejemplos reales. No se trata solo de explicar programas, sino de ayudar a entender cómo será su día a día profesional y qué competencias desarrollarán. Este enfoque también derriba prejuicios de género, culturales o sociales, mostrando que cualquier estudiante con interés y talento puede acceder a carreras técnicas.
Algunos centros están liderando esta transformación. Prometeo, por ejemplo, ha diseñado FPs pensadas específicamente para las profesiones digitales más demandadas, ofreciendo formación práctica, proyectos conectados con empresas y un acompañamiento cercano que permite a cada alumno descubrir sus fortalezas y decidir con confianza. Aquí, la orientación no es un trámite, sino un verdadero impulso para que los estudiantes den el paso correcto hacia su futuro.
La FP ya no es solo una alternativa académica: es una oportunidad para aprender haciendo, construir proyectos reales y abrirse camino en sectores estratégicos. Una buena orientación puede marcar la diferencia entre un joven que duda y otro que empieza a construir su carrera con seguridad, talento y ambición.



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