Hubo un tiempo en el que hablar de tecnología era casi sinónimo de hablar en masculino. Las pantallas, los códigos, los datos y la seguridad digital parecían espacios reservados a unos pocos perfiles muy concretos. Sin embargo, en la Formación Profesional actual esa imagen empieza a quedarse vieja. Cada vez más mujeres se están formando para liderar proyectos tecnológicos, y la FP tiene mucho que ver con ese cambio.
La igualdad en los ciclos técnicos no surge por inercia. Requiere orientación temprana, referentes visibles y un entorno donde la práctica pese más que los prejuicios. Muchas alumnas descubren su vocación cuando dejan de ver la tecnología como algo abstracto y empiezan a usarla: diseñar una estrategia de marketing digital, entender cómo funciona la ciberseguridad, analizar datos, o desarrollar un proyecto digital desde cero cambia por completo la percepción.
La FP tiene una ventaja clave frente a otros itinerarios: el aprendizaje es directo y aplicado. No se trata solo de estudiar conceptos, sino de trabajar con ellos. Cuando una estudiante participa en proyectos reales, colabora con su equipo y ve resultados, la confianza crece. Y con ella, también la presencia femenina en sectores donde antes casi no se veía.
Pero atraer talento no es suficiente. También hay que cuidarlo. Crear aulas inclusivas, fomentar el trabajo colaborativo y normalizar el error como parte del proceso son factores que hacen que más mujeres permanezcan y destaquen en los ciclos tecnológicos. La igualdad no se impone, se diseña en la experiencia educativa diaria.
En este escenario están surgiendo propuestas que entienden la FP como un espacio de oportunidades reales. Centros como Prometeo, pioneros en diseñar FPs específicamente orientadas a profesiones digitales con alta empleabilidad, apuestan por una formación distinta: práctica, exigente y pensada para alumnado ambicioso, donde el talento se mide por lo que sabes crear, no por quién eres.
La presencia de mujeres en la FP técnica no es solo una cuestión de números. Es una transformación cultural. Equipos más diversos generan mejores ideas, desarrollan soluciones más humanas y conectan mejor con la sociedad a la que sirven.



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