Reportajes

Declaraciones respecto a las estimaciones de inflación del 2% para el 2023 por el experto Tomás Gómez Franco

Tomás Gómez Franco Exdirigente del PSOE y profesor del Grado en Administración y Dirección de Empresas de VIU – Universidad Internacional de Valencia. También, fue secretario general del partido en Madrid, además de alcalde de Parla, y diputado, senador y portavoz en la Asamblea de Madrid.

Con la crisis de 1973, los economistas y los gobiernos aprendieron que si los salarios suben proporcionalmente a los precios, el efecto, lejos de compensar la pérdida de poder adquisitivo, genera una espiral inflacionista que empeora la situación. El problema es que, la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores entre 2008 y 2019 fue de algo más del 6%. Si a esto le sumamos los perjuicios ocasionados por la pandemia y, ahora, la guerra de Ucrania, pedir a los trabajadores que se vuelvan a apretar el cinturón, va a tener como coste el aumento de la conflictividad laboral.

Por otra parte, las perspectivas macroeconómicas son preocupantes. Afirmar que la inflación está producida por la guerra de Ucrania es una verdad a medias. La política monetaria expansiva llevada a cabo por el BCE debía rebotar inevitablemente en subidas de precios, es decir, sin guerra también habría inflación. Lo que sí es correcto es asegurar que el problema del encarecimiento de las materias primas, los transportes y los consumos energéticos se suma al existente.

En cualquier caso, el Gobierno ha realizado una previsión de inflación del 2% para el año 2023. Para ello, parte de dos presupuestos: la guerra de Ucrania durará poco y habrá moderación salarial. Tanto uno como otro pueden fallar. Black Rock, el fondo de inversión más grande del planeta, alertó, entre otros riesgos para la economía mundial, que la guerra podría prolongarse de manera importante. Una guerra larga es sinónimo del problema actual elevado a la n-esima potencia.

En cuanto a la moderación salarial, la ruptura de las negociaciones entre patronal y sindicatos es un aviso de que, esta vez, los sindicatos no se resignan y que cuando hay crecimiento económico no ven compensados los sacrificios que realizan en los momentos de crisis. Tampoco está claro, pues, que el control de costes salariales se vaya a producir sin más.

El último elemento a tener en cuenta es el tamaño de la tarta a repartir. La subida de tipos de interés para contener el desastre estaba cantada hace meses. Ahora se han tomado las primeras medidas y los mercados han empezado a reaccionar con caídas importantes. Cada día son más las previsiones que avisan de que EEUU podría caer en recesión y que la economía China tendrá la tasa de crecimiento más baja de las últimas décadas. El cuadro macroeconómico dibujado por las subidas de precios de alimentos y del petróleo, debería ser completado con un análisis del papel a futuro de la India. El país asiático es el tercer consumidor de petróleo mundial, después de China y EEUU. Su imparcialidad en el conflicto de Ucrania es una buena carta de presentación ante Rusia para importar el crudo. Si decide ese cambio estratégico respecto a la situación actual, en que pertenece a la Quad Alliance, tendrá consecuencias mundiales.

Otros factores de riesgo que no deberían despreciarse son los ataques cibernéticos en sectores y empresas sensibles y las huidas de capitales de los países emergentes, especialmente en países de Latinoamérica, producidas por la inestabilidad de los tipos de interés. Tampoco ayudará a la estabilización del precio del dinero, y por tanto, al crecimiento, el endeudamiento público, gran consumidor de fondos prestables. Una nueva desaceleración sería otra disminución de la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Ante estos riesgos, todos ellos motores de recesión, es más que probable que los sindicatos no den por perdida la batalla de las cláusulas de revisión salarial.